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¿Por qué nos cuesta tanto poner límites? Guía para aprender a decir “no” sin culpa

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La palabra "NO" representando la importancia de poner límites personales

Vale, puedo quedarme una hora más”,” ok, iré a la cena de tu cumpleaños”, “de acuerdo, yo también participo en el regalo” … estas frases son un ejemplo de respuestas habituales a peticiones diarias por parte de nuestro entorno. Ahora bien, ¿son realmente sinceras o son respuestas automáticas que damos por compromiso, aunque no lo deseemos?

LOS LÍMITES Y EL “NO”

Hoy hablaremos del porqué nos cuesta tanto poner límites y de las razones que hacen que no respetemos lo que realmente deseamos hacer. La respuesta está en la manera en que nos apegamos,  a la necesidad de aprobación, al miedo al rechazo y a una parte social dirigida a complacer al grupo.

Establecer límites es necesario para nuestra salud emocional. Nos protege, genera autoconfianza y nos da libertad para ser como somos pero a pesar de sus múltiples ventajas no parece tarea sencilla. Veámos; ¿qué son exactamente los los límites y porqué resultan tan importantes.

Los límites son reglas imperceptibles que utilizamos en las relaciones interpersonales. Sirven para dividir nuestro espacio emocional y psicológico del de nuestro interlocutor, definiendo qué estamos dispuestos a aceptar dentro de la relación con el otr@. Protegen nuestra identidad y bienestar para fomentar relaciones saludables. Todo y así, ¿cuáles son los principales motivos por los cuales nos cuesta tanto decir no?

MOTIVOS INDIVIDUALES:

Por una parte tendríamos los motivos individuales, es decir, aquellos que como seres independientes y únicos hacen que tengamos dificultad para afrontarnos a una situación concreta. Estos motivos podríamos resumirlos en:

♦ Complacencia

Sacrificar los propios deseos, para priorizar los ajenos es tan humano como habitual. Aunque en ocasiones esto puede tener ventajas sociales, actuar siempre para complacer a otros puede dejarnos en un estado de vulnerabilidad frente a nuestros propios deseos.

♦ Apego y educación temprana

El estilo de vinculación y la educación que tuvimos en la infancia influye directamente en la manera en la que nos relacionamos.

♦ Evitar conflictos

No afrontarnos a las dificultades interpersonales puede hacer que nos resulta más fácil relacionarnos, aun y cuando suponga no tener en cuenta nuestros deseos.

♦ Necesidad de aprobación

Querer agradar a otros y buscar la aprobación de terceros puede hacer que prescindamos de poner en valor nuestra propia voz.

♦ Vergüenza

Creer que se está haciendo algo mal o pensar que tu opinión o comportamiento serán juzgados, es una de las dificultades  más habituales a la hora de establecer límites.

♦ Miedo a las repercusiones

De pequeños aprendemos que las cosas tienen consecuencias. Esto lo extrapolamos a todo lo que hacemos. A la hora de relacionarnos con otros, esto no es menos.

♦ Culpa

 «La culpa a decir que “no” está vinculada a creencias aprendidas sobre aprobación y valía personal.»

♦Experiencias pasadas

MOTIVOS SOCIALES:

Por otra parte y desde una vertiente más social estaría la dificultad de poner límites para sentir la necesidad de que socialmente estamos incluidos en nuestro grupo de iguales.

A pesar de que somos seres individuales no debemos olvidar que estamos inmersos en sociedad. Esto significa que nuestras decisiones no solo estarán valoradas desde un punto de vista particular sino que inconscientemente cargamos con el peso de la colectividad.

Los experimentos de conformidad de Solomon Asch (1951–1955)  demuestran que el individuo acepta la opinión del grupo aun y cuando sabe que  él tiene una opinión distinta.  

La presión social y grupal también sería un aspecto que nos haría inclinarnos hacia el grupo, declinando nuestras preferencias a su favor. 

¿CÓMO DECIMOS "NO" SIN CULPA?

»1. La asertividad: un aliado para proteger la salud mental.

Ser asertivo significa tener una habilidad social de comunicación que consiste en expresar tus sentimientos y opiniones de una manera clara y honrada, a la vez que respetas las ideas y sentimientos de los demás. Cuando digas «no», hazlo sin muchas explicaciones. De manera clara y concisa no pongas excusas y sé fiel a ti mismo. Utilizar las siguientes técnicas, puede ayudarte;

»Técnica del “NO amable” ejemplo “Gracias por pensar en mí, pero esta vez no puedo.”

»Técnica del “No + alternativa”ejemplo “No puedo ahora, pero podría la próxima semana.”

» Técnica del “micro-límite” ejemplo “Déjame pensarlo y te digo mañana.” (Esto reduce culpa porque evita decir sí impulsivamente.)

»Técnica del “guion interno” Consiste en repetir  mentalmente algo que te ayude a recordar que tienes la opción de elegir lo que mejor te haga sentir. Ejemplo :“Decir no también es cuidar de mí.”

2. Acepta la incomodidad

No resulta agradable pero sé consiente que hay momentos incomodos y no por ello malos. Acepta que es un momento fastidioso sin más como tantos otros

3.Cambia culpa por responsabilidad

Sustituye el autocastigo por un discurso responsable que requiera escuchar tu voz interior

4.Pon en práctica la coherencia entre pensar y actuar

Actuar en concordancia con lo que piensas, no solo te dará libertad sino que hará que te sientas bien contigo mismo

Decir no, te separa de ti mism@. Hace que vivas a merced de los demás sin tener en cuenta tus sentimientos y opiniones y aunque puede parecer que te acerca, en verdad te aleja de tu yo interno. Pon en práctica el asertividad, acepta momentos incómodos y vive con responsabilidad. Diferentes estudios demuestran que el asertividad reduce la ansiedad a la hora de expresar necesidades personales.

Núria Costa, Psicóloga

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